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Los grandes salones del Templo empequeñecían hasta al más grande guerrero. Tharion y Farko atravesaron el largo y amplio pasillo que llevaba hasta la cámara donde el día anterior el joven había estado.

Tharion: ¿Entonces no vamos a la biblioteca? - Pregunta confuso.

Farko: Como ya te he dicho, primero debemos hablar con Taéla. Ella sabrá por donde puedes empezar a buscar. - Le explica paciente.

Tharion: Ah... Espera, ¿No vienes conmigo? - Le pregunta más confuso todavía.

Farko: Yo... - Espera unos segundos. - Debo atender unas cosas que he pospuesto ya demasiado. - Contesta con un tono algo serio.

Pronto ambos llegaron a la gran sala. Era aún temprano y solo se encontraban allí un soldado de guardia y, justo saliendo de otro salón, la encargada de la inscripción, que aparecía portando un voluminoso libro de gruesa tapa rojiza y dorada con el símbolo de Los Guardianes.

Tharion: ¡Bien! ¡Ahí está esa mujer con el libro! - Se entusiasma. - ¡Vamos, rápido!

Farko: No seas impaciente. Taéla aún debe preparar algunas cosas antes de poder atendernos. Su trabajo es bastante ajetreado.

Tharion: Pareces conocerla muy bien, jejeje. - Le insinúa alegre.

Farko: ¡¿Eh?! ¡Q-Qué quieres decir, mocoso?! - Murmura algo alterado.

Tharion: ¿Eh? ¿Estás bien? Te noto nervioso... - Le mira algo extrañado.

Farko: ¡¿Nervioso yo?! ¡Nada de eso! ¡Anda vamos y no armes escándalo! - Se adelanta alterado y tembloroso.

Tharion no parece mostrar mucho interés por el estado del capitán y le sigue. Ambos se acercan hasta unos bancos de la sala y Farko se sienta con los brazos cruzados en una de las esquinas del banco. Por otro lado el joven Drakker no puede mantenerse quieto y se queda de pie admirando un enorme cuadro que hay justo detrás del banco. En él se aprecia la figura de lo que parece ser veterano hombre de porte noble, equipado con una brillante armadura de tonos dorados y plateados, apoyado en una destacable espada de brillante empuñadura.

Tharion: Oye, Falko. ¿Quién es este hombre? - Le pregunta con un tono desganado.

Farko: Mm.. - Se vuelve hacia el joven. - Qué... ¿No lo preguntarás en serio?

Tharion: ¿Debería conocer a este viejo? - Pregunta despreocupado.

Tras estas palabras algunos soldados que comenzaban a llegar quedan totalmente en shock. Farko se lleva una mano a la cabeza y suspira desesperado. Tharion se extraña por los gestos y miradas de los que le escucharon.

????: (Murmura) ¿Quién es ese insolente? - Murmura

¿¿¿¿: (Murmura) ¡Será!... Que alguien enseñe a respetar a ese joven...

Farko: Oye, chaval, me habías dicho que eras del reino... - Le comenta decepcionado. Tharion asiente con un rostro confuso. - Tharion, ese hombre... es el Rey Algriant Lainork, descendiente de Algrein Lainork, rey de Ázharon, uno de los Kelïnors (Reyes protectores de Exelium) y portador de la espada Nelethir, "Alma del Sol".

Tharion: Ah... Este es el rey, jajajaja... - Se ríe despreocupado.

Farko suelta un profundo suspiro dando por perdido ya al joven. Entre tanto, la encargada se acerca hasta ellos.

Taéla: Hola, joven. Así que has vuelto. - Saluda con una humilde sonrisa. - ¿Lo has traído tú, Farko?

Farko: ¡Ho-Hola, Taéla! - Se levanta nervioso. - El chico viene a... - Se queda en blanco.

Taéla: Jaja, no vas a cambiar nunca. - Ríe por el estado del veterano hombre. - Bueno, acompáñame, joven. Yo me encargo de él Farko. - Le dice sonriente mientras le ofrece el camino a Tharion.

Farko: Cla-Claro... Gracias... - Se inclina nervioso.

Tharion: Jejeje, eres muy gracioso Jefe. - Sonríe. Farko se enrojece avergonzado cabizbajo por la situación.

Justo antes de separarse, Tharion cambia su gesto a uno más serio. Farko le mira confuso.

Tharion: (Se inclina) Muchas gracias... Por todo... - Le agradece con todo su corazón el joven. Farko siente el gesto de Tharion y no tarda en soltar una alentadora sonrisa.

Farko: Je... venga, vete ya, mocoso -. Le dice con alegría.

Tharion le sonríe y parte alegre junto con Taéla, quien se despide de Farko con un gesto de su mano. Pronto el veterano capitán cambia su expresión a una más seria...

Farko: (Pensando) Bueno... él estará en buenas manos. Es hora de hacerle una visita... al Rey. - Se vuelve firme en dirección a la salida. Pero no sin antes sentir la presencia de alguien que le observa.

Farko echa un rápido vistazo pero no logra ver a nadie y continúa raudo su marcha hacia el majestuoso Castillo Blanco del Rey. Entre las sombras alguien le observa y se dispone a seguirlo.

Farko avanza con paso ligero por las decoradas calles de piedra de la ciudad, siendo perseguido sin darse cuenta por alguien. Pronto llega da una rápido giro hacia un estrecho callejón sin salida. Su acosador sigue desprevenido hasta el cruce, pero para su sorpresa el veterano hombre ya no se encuentra allí.

????: Jej... Justo como en los viejos tiempos, ¿no, Farko?... - Bocea el perseguidor en silencioso callejón.

En ese momento Farko aparece detrás de su acosador...

Farko: Jejeje... Parece que no has aprendido nada después de tanto tiempo... Daroth. - Contesta burlón.

Daroth: Pensé que esta vez no me detectarías, pero veo que la edad no hace mella en tus habilidades como detector. - Se vuelve. - Dime, ¿Te dirigías al Castillo?... Debe de ser algo importante para que tú vayas a ese lugar. - Comenta con gran seguridad el fornido hombre.

Farko: Así es... he de hablar con el rey.

Daroth: Jaj, ya lo imaginaba. - Se acerca hasta él. - No me dirás... que es por el chico. - Dice con un gesto de intriga. - ¿De verdad crees que ese chico a "despertado" ese poder? Ya sabes que es imposible. - Afirma con seguridad el comandante.

Farko: Sé lo que he visto, Daroth. Yo estaba justo delante. - contesta con firmeza. - ... No puedo asegurarlo del todo, pero estoy bastante convencido que el chico a despertado su alma. Y eso debe ser informado al rey cuanto antes. Podríamos estar hablando de la posibilidad de reanudar esa misión.

Daroth: ¡Farko, la llave se perdió! - Levanta su tono. - ¿No lo recuerdas? Largos años estuvimos buscando ese maldito objeto ¡Y lo único que conseguimos fue perder muchos valientes soldados!

Farko: ¡Lo sé! - Se exalta furioso. - ¡Pero aún tengo esperanza!

Daroth: ¡Erg! - Le sujeta con rabia por el cuello de la camisa. - ¡Esperanza dices!...

Algunas ciudadanos de la calle escuchan el debate y se acercan al callejón alarmados.

Ciudadano: Mirad, son el Jefe Farko y el Comandante Daroth... - Murmura.

Ciudadano 2: Sí, son ellos. Parecen tener una discusión. - Susurra.

Farko y Daroth se miran serios con un gesto de rabia, siendo conscientes de sus espectadores. Pronto Daroth suelta a Farko y da unos pasos hacia la salida del callejón. Farko mantiene su posición serio...

Daroth: ... El rey aún no ha llegado de su reunión... Seguro que ni lo sabías, como de costumbre. - Le comenta de espaldas con seriedad. - ... Tardará unas horas en llegar al Castillo. - Le sobre mira ligeramente de reojo. - ... No le hagas perder el tiempo.

Tras estas palabras el veterano comandante se marcha y Farko se queda en el callejón. Poco a poco la gente se dispersa y el capitán se queda solo, apretando los puños...

Mientras tanto, en el Templo de los Guardianes...

Tharion: Oh, así que tú y Farko os conocéis desde hace mucho, jeje - Sonríe.

Taéla: Jaja, sí, nos conocemos desde muy pequeños. - Sonríe alegre. - Él siempre andaba por ahí correteando y luchando contra dragones y monstruos imaginarios. Era una monada. - Recuerda con dulzura. - Pero nunca se le dio bien hablar con las mujeres, jajaja

Tharion: Jajaja, es muy divertido.

Los dos continúan riendo durante unos segundo y pronto llegan hasta una enorme sala de inmensas estanterías repletas de miles de libros, documentos y mapas.

Taéla: Vaya, disculpa por el desorden, jaja. He estado muy ocupada estos días y no he podido recoger nada.

Tharion: Tranquila, jeje. - Sonríe humilde.

Taéla: Jaja. Bueno, Tharion. - Se acomoda en su su asiento. - Si no recuerdo mal ayer me preguntaste por un lugar llamado la Torre de los Dioses, ¿Me equivoco? - Le pregunta mientras saca un enorme libro de tapa gruesa color carmín.

Tharion: ¡Vaya! ¡Te has acordado! - Asiente con la cabeza sonriente.

Tharion queda intrigado por el volumen del cuaderno. Pronto Taéla lo abre justo por una página repleta de extraños nombres y entradas. Se trataba del glosario del Templo, donde estaban anotados todos y cada uno de los libros y archivos del reino.

Taéla acomodó unas finos anteojos, que de alguna forma le daban un toque muy intelectual y a la vez hermoso. Posó su dedo índice sobre el centro de la página y fue zigzagueando, buscando algúna entrda relacionada con la Torre.

Taéla: ¡Aquí está! - Exclama con una voz dulce. - ¡Este libro pude ayudarte! - Sonríe.

En ese momento Tharion no puede evitar sentir una gran emoción tras la espera, pues sin duda quería averiguar cuanto antes para emprender su camino

Taéla se alegra por la motivación del joven, pero pronto algo parece tornar su rostro a uno más triste, pues en su interior tiene la sensación de que al chico le aguarda un oscuro destino...

Taéla: Aguarda aquí, te lo traeré enseguida. - Le indica al joven con amabilidad.

????: ¡Mi señora Taéla! - Se escucha a lo lejos, interrumpiendo la búsqueda de la Atlanter.

Taéla y Tharion se giran hacia la entrada de la sala y ven llegar a un joven soldado. Se trataba de Nelhir Lerethir, un afamado arquero del reino y miembro de la Guardia Real de Atlantis.

Taéla: Nelhir, ¿Qué haces tú aquí? - Pregunta extrañada. - No me digas que...

Nelhir: Así es, mi señora... - Se inclina saludando con mucho respeto. - ... ¡El rey ha regresado!

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