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Con la noche ya sobre las onduladas colinas de las afueras de Atlantis, hace su aparición la bella Silthis, la brillante luna de Atlas. Majestuosa y blanca como una reina , acaricia los torreones y casas de la ciudad, haciendo que estos reflejen​ su cálida y a la vez fría luz plateada.

A su amparo, el joven Tharion descubre la verdad sobre una ya olvidad leyenda, que durante largos años había nublado su mente...

Tharion: Dices que la Esencia consumió a sus portadores... - Se detiene unos segundos. - Mi padre... ¿Él también ...? - Le pregunta deduciendo su destino, con un rostro algo lamentado.

Farko : ... - Le mira con seriedad. - No. - Le niega al joven, quitándole un gran peso de encima.

Pues en su interior y pese a los relatos molestos que rondaban acerca de la desaparición de su padre, Tharion siempre había tenido la inocente esperanza de poder encontrarlo y conocer la verdad de su misma boca...

Farko: Tharion, no puedo contarte con certeza lo que le ocurrió a tu padre, pues para mi lamento fueron pocas las ocasiones que pude saber algo de él. Muchos rumores salieron a la luz cuando el desapareció. - Se acerca al joven. - Pero de lo que sí puedo hablarte con seguridad es de cómo yo lo conocí antes de que fuera llamado "Elthërir"...

Tharion desvía su mirada hacia la nada. Algún tipo de pensamiento rondaba por su mente. Farko percibía de él un estado como de inseguridad o miedo frente a lo que pudiera oír.

Farko: ... Un viejo amigo... - Se acomoda. - Me enseñó una vez que las palabras son la máscara de los actos y que estos últimos son lo que verdaderamente importan... ¿Entiendes?

Tharion permanece en silencio unos segundos...

Tharion: Lo entiendo, creo... - Contesta serio. - Aún así... Me gustaría saber cómo era cunado lo conociste. - Le dice humilde con una alentadora sonrisa.

Farko queda sorprendido nuevamente con el cambio de estado de ánimo del joven, y tras devolverle la sonrisa se dispone a contar su relato.

Farko: Bien, bien, veamos... - Queda dudoso de por donde comenzar. - Mmm... Si, bueno, ya han pasado sus casi veintiún años. Por aquel entonces yo ostentaba el cargo de capitán en el ejército de Ázharon. - Sonríe por el apacible​ recuerdo.

Tharion: ¡Vaya! ¡Fuiste capitán! - Se emociona. - ¡Entonces! ¡¿Mi padre era algún tipo de general o comandante?¡ - Pregunta ilusionado, con los ojos brillando de la emoción.

Farko: Pues no. Nada más lejos. - Le niega al muchacho con rotundidad, destruyendo contundentemente toda la ilusión del joven.

Tharion: Entonceees... - Trata de buscar alguna otra opción aún con esperanzas de grandeza.

Farko: Bueno, como lo diría... - Se rasca ligeramente la sien. - Cuando lo vi... Me pareció un viejo vagabundo harapiento, sucio y de cabello envejecido.

Tras esto, una enorme ola depresiva arrolla el ánimo de Tharion. Quedando completamente congelado, con un rostro de exagerada decepción.

Farko: ¡AAJAHAJAHA! - Ríe a carcajadas sin poder evitarlo al ver el cómico rostro del joven. - Deberías cerrar la boca muchacho, jajaja.

Tharion: ¡Cállate viejo! ¡Estás jugando con mis sentimientos! - Le reclama furioso.

Farko: Bueno, y así es. No te he mentido mocoso estúpido. Pero una persona no es grande por su aspecto o cargo. Una persona es grande por sus actos. - Mira con firmeza al joven. - Ahora siéntate y escucha.

El joven Drakker cruza los brazos algo indignado y toma asiento, prestando atención al veterano capitán.

Farko: Bueno. Ese día, fuimos emboscados por el enemigo en un pequeño sendero del Camino Largo. Nos capturaron junto con unos mercaderes que atravesaban el sendero y entre ellos había un hombre encapuchado, envuelto en una larga capa bastante desgastada. Podíamos haber luchado, pero amenazaron con matarlos y no podía permitirme arriesgar la vida de unos inocentes... Recuerdo a mis compañeros decirme: "Capitán, no podemos arriesgar la misión por un par de civiles. Debemos acabar con ellos." "Tiene razón Farko. Nos matarán a todos igualmente." - Recuerda claramente el veterano. - Yo sabía que ellos tenían razón... Pero no podía dejar que asesinaran a esos civiles. Creía poder planear algo para poder escapar todos con vida de allí. Me juré a mi mismo desde muy joven que salvaría todas las vidas que pudiera hasta que la mía acabase. - Le explica con razón.

Tharion es testigo del honor que desprendía el veterano capitán. Una agradable sensación de respeto y admiración comenzaron a crecer en su interior. Aquellas palabras infundirían​ una gran fuerza en su camino.

Farko: Quedamos atados de pies y manos por unas gruesas cadenas y despojados de nuestras armas. Una sensación de temor y desesperanza se apreciaban claros del ya anciano mercader, algo harto normal por la situación. Pero no obstante, el extraño hombre encapuchado no parecía mostrar ningún tipo de temor o nerviosismo. Andaba cabizbajo con gran calma tras nosotros. El enemigo nos condujo durante un largo rato hasta que por fin llegamos a uno de sus campamentos. Al llegar allí nos colocaron violentamente en fila junto con unos pocos civiles más que habían capturado, frente al tajo del verdugo que afilaba un gran hacha de hierro negra como el carbón que esperaba ansiosa nuestros cuellos... - Relata con desagrado.

Tharion no podía dejar de imaginarse la situación. Dándose cuenta que incluso un caballero tan valiente siente inevitablemente el miedo ante la fría y oscura muerte.

Farko: Todo parecía perdido. No conseguí pensar ningún plan de escape. Yo miraba a mis hombres y veía sus rostros, veía como asumían firmes la hora de su muerte. No dejaba de pensar que yo les había condenado. Miré uno por uno las caras de los demás, sintiendo todo su dolor... Perdí toda esperanza. Solo podía ser un mero espectador...

Farko permaneció unos segundos pensativo. Tharion no podía ni imaginar el dolor del ex-capitán. Pero sabía con solo verle que fue muy duro para él. Farko le miró, y soltó una ligera sonrisa.

Farko: Jej, sí. Fue algo que no me gustaría haber repetido. - Se incorpora del trauma. - Pero como es obvio no fue el final. - Se vuelve hacia Tharion mientras se hecha otro palillo más a la boca. - Y es aquí, mocoso, donde él entra en escena. - Se levanta. Tharion presta toda su atención - Cuando yo ya me disponía a encontrarme en el otro mundo con mis antepasados, aquel extraño hombre encapuchado llamó la atención de todos nosotros. ¡Levantó sus encadenadas manos al cielo! - Cuenta con énfasis y gestos. - Todos quedamos extrañados y confusos, pensando que se había vuelto loco por el miedo. Los enemigos fijaron su atención en él. Uno de sus jefes se acercó lento pero firme hasta él, portando una angosta cadena empapada en sangre que utilizaba como látigo. Todos sabíamos que aquél hombre iba a ser atizado con aquella brutal arma, y así fue... Pero no como esperábamos. El enemigo lanzó el hierro contra él, pero con un rápido movimiento enganchó la cadena con sus brazos. Todos quedamos sorprendidos. Acto seguido, el encapuchado, realizó otro movimiento con el cual lanzó fuertemente al enemigo contra él para luego asestarle un fuerte cabezazo, dejándolo totalmente fuera de combate y desarmado. Rápidamente se dio la alarma. El encapuchado alzó la mirada y fue entonces cuando pude ver su rostro... Su cabello era blanco y sus ojos se tornaron en un brillo plateado, un rostro noble y de firme mirada se apreciaban en él. En ese momento pude ver la Esencia brotar del interior de su cuerpo. Los enemigos le rodearon y quedamos sin vigilancia. Era nuestra oportunidad. Embestimos a los enemigos más cercanos y nos apoderados de sus armas. Defendimos la huida de los civiles y comenzó el enfrentamiento contra el resto de ellos. En la lucha levante la mirada y vi como aquel hombre luchaba hábil contra numerosos enemigos. Nunca antes había visto a alguien con ese espíritu de combate... - Sonríe. - La batalla finalizó con nuestra victoria. No hubo bajas, aunque si heridos. Aquel día la esperanza volvió a mí. Y todo gracias a aquel hombre.

Tharion sonrió ilusionado tras estas últimas palabras. Farko también dejó mostrar una por el recuerdo y luego continuó...

Farko: Recuperé el aliento y me acerque hasta él. No sabía cómo agradecerle. Él me miró y sonrió. "Eres un buen hombre" me dijo. No supe que responderle. Él se giró y emprendió la marcha. Pero no podía irme sin saber su nombre. "¿Quién eres?" Le grité. "¿Yo?... Pues... Nadie en especial. Solo un simple viajero que busca la cura de este mundo." - Me dijo. - "Pero si quieres un nombre." - Me miró de reojo. - "Puedes llamarme Rhatko Drakker". Ese era tu padre, Tharion.

El joven queda enmudecido por la declaración. Un fuerte sentimiento de admiración recorrió su cuerpo, pues era la primera vez que escuchaba un relato de su padre donde no lo dejaban como un cobarde o desertor...

Farko: Desde ese día comencé a investigar. Salieron a la luz numerosos rumores sobre un hombre que aparecía en algunas ocasiones como un fantasma que parecía estar buscando algo, un caminante de cabello grisáceo que vagaba de aquí allá luchando contra muchos enemigos y criaturas horribles... Historias sobre un viajero de ojos plateados que hablaba sobre como llegar a un lugar imposible de encontrar... Se convirtió en ¡La Leyenda del Errante Blanco!.

Continuará...

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